El riesgo narrativo de Pluribus
Una protagonista difícil y un conflicto poco convencional
La primera temporada de Pluribus ha concluido, cerrando una de las propuestas televisivas más rara y originales que he visto en mucho tiempo. A simple vista, la serie parece basarse en cosas que ya han sido escritas antes: invasión alien, horror casi zombi y drama existencial, pero pero, su premisa particular y su ritmo deliberadamente lento llevan inevitablemente a una pregunta central: ¿cuál es el verdadero punto de esta historia? ¿Por qué vale la pena verla? ¿De qué trata realmente?
Parte de esta confusión proviene de que, en términos tradicionales, Pluribus no presenta un gancho claro que empuje al espectador a continuar, el evento catastrófico que transforma el mundo se explica muy temprano, no hay una cuenta regresiva evidente ni un escenario clásico de ganar o perder, y su protagonista, Carol (Es Turca), no resulta especialmente carismática ni fácil de querer. Tampoco existe un antagonista convencional: el conflicto principal se da con una conciencia colectiva que, al menos en apariencia, intenta ayudarla más que dañarla.
Y, sin embargo, pese a todo esto, la serie logra atrapar. Precisamente porque obliga a insistir en una pregunta que se vuelve cada vez más persistente:
¿Qué mierda me quiere mostrar esta historia?
Salvar al mundo de la felicidad
La propia serie ofrece una pista en su frase de presentación: “La persona más miserable del mundo debe salvar a la humanidad de la felicidad”. Esta idea deja claro que la serie no está pensada principalmente como un relato de supervivencia ante una invasión, sino como una exploración de un dilema moral y filosófico mucho más profundo.
Como toda buena historia, Pluribus se articula en torno a una decisión fundamental. Carol puede unirse a la conciencia colectiva y vivir en perfecta armonía, resolviendo su soledad y, en teoría, alcanzando la felicidad. El hecho de que decida no hacerlo me obliga a buscar una razon. ¿Por qué renunciar a la individualidad y disolverse en una conciencia compartida no es, necesariamente, algo bueno?
La conciencia individual como valor moral
La respuesta que plantea la serie es que existe algo en la conciencia individual que resulta sagrado y digno de ser preservado, incluso al costo de un sufrimiento profundo. Esa es, en esencia, la pregunta moral que Pluribus pone sobre la mesa. No es una cuestión nueva en la ciencia ficción ni en la filosofía, pero la serie la formula desde un ángulo distinto.
Aquí no hay simulaciones ni una esclavitud explícita. No se sugiere una intención maliciosa directa. Al contrario, la unión de todas las conciencias humanas parece, al menos en teoría, la culminación del ideal humano: un estado donde todos están conectados, las diferencias desaparecen, no existe el conflicto y la vida se desarrolla en armonía hacia una conciencia superior.
Carol se ve desafiada a superar la idea de que cada cuerpo humano contiene un alma individual, aunque. Zosia no encaja del todo en nuestras categorías: a veces parece una persona, otras veces un simple vehículo vacío controlado por el colectivo, y en ocasiones ambas cosas a la vez. Esa ambigüedad es una de las mayores virtudes de la serie.
Y si hablo de desafíos, quiero decir que “My name is Manousos Oviedo”…. chef kiss.
La propia intención del creador refuerza esta lectura. Vince Gilligan ha señalado que la reacción ideal ante la serie no es aceptar una interpretación cerrada, sino preguntarse: ¿esto es el paraíso o es el infierno?
La escena inicial del último episodio ilustra con fuerza esta ambigüedad: una joven en una aldea remota de Perú, devastada por la soledad, decide unirse al colectivo. Sus vecinos parecen amables y le prometen felicidad. Sin embargo, una vez completada la unión, la comunidad se disuelve y lo que antes existía (incluido el cuidado de la cabrita) queda abandonado. Algo se gana, pero algo también se pierde. La serie no dicta qué fue exactamente lo perdido, deja esa tarea al espectador.
Se imaginan una IA colectiva? Jodido.
Cuidado, manipulación y límites
En su núcleo más profundo, Pluribus también funciona como una historia de amor. La relación entre Carol y Zosia reproduce dinámicas reconocibles: afecto, manipulación, límites, intentos de cambiar al otro bajo la convicción de estar ayudándolo. Cada una cree estar salvando a la otra, pero al mismo tiempo ambas actúan en contra de los intereses de su contraparte
De ahí surge la gran pregunta dramática de la serie: ¿quién tiene razón? ¿Debe Zosia salvar a Carol integrándola al colectivo, o debe Carol salvar a Zosia liberándola de él? La primera temporada deja abiertas ambas posibilidades, sugiriendo incluso que las individualidades dentro del colectivo podrían no estar completamente perdidas.
Así, Pluribus no entrega respuestas definitivas. Lo que hace es insistir en una pregunta incómoda y persistente: si la felicidad absoluta exige la desaparición del individuo ¿estamos realmente dispuestos a pagar ese precio?
No hablé de los actores porque ese nivel de perfección necesita un texto mas largo.
Texto basado en —> Link




